Hijo pingüino

Soy un pingüino favorito, sin mucho que decir, pero con la terquedad (sinceridad) del (ex)villamelón que insiste en estar presente.

13 mayo 2006

Prioridades


Cada vez me sorprendo menos y me admiro más de las cosas que se encuentran en internet, sobre todo ahora que los filtros utilizados en los servidores de la oficina se han quedado en sólo un triste recuerdo y el temor de entrar a páginas no permitidas es una simple cuestión de risa. Pues desde mi casa soy yo el administrador, el informático y el websense, en otras palabras soy el demiurgoweb.

Sin embargo, ante la cantidad de consultas pendientes, ánime que bajar, pornografía que buscar, innovaciones informáticas que conocer, tutoriales que buscar, blogs que leer, podcast que escuchar y demás cultura cibernauta que navegar. Por fin hoy le tocó el turno al autoposteo. Y no significa que ya haya terminado de todas las tareas anteriores, más bien es que las urgencias y necesidades cambian de acuerdo al espacio de mi disco duro.

En fin, a ver cuanto alcanzo a escribir de aquí a que empiece el munidal.

29 abril 2006

Sueños cumplidos

Hoy, escribo desde mi casa!!!!!!

21 febrero 2006

El libro de la semana

Pues ante la falsa promesa de mandarme un pdf con el “libro que tienes que leer”, -lamento que mi memoria, una vez más, deje huecos-, de nombre algo así como jade, o seda o lino.
He optado por abordar una vieja recomendación de Jorge Omar, últimamente lo estoy citando mucho, será acaso que lo extraño, pues bien empecé a leer Escuadrón Guillotina de Guillermo Arriaga Jordán.

La batalla de Torreón fue una de las más difíciles y duras de cuantas libró la División del Norte. Después de la toma de la ciudad, el general Francisco Villa decidió situar el campamento en un llano próximo, justo en medio de un macizo de sauces cuyas sombras resguardaban del sol inclemente a los guerrilleros. Hasta ese lugar llegaban a diario un sinnúmero de comerciantes que iban a ofrecer sus productos a los revolucionarios. Pululaban los vendedores por entre la tropa, y aquello, más que parecer una guarnición militar, parecía un tianguis dominical.
El general, como era su costumbre, atendía sus asuntos lejos del bullicio, acompañado únicamente de sus hombres de más confianza y protegido por los más temibles miembros de su escolta privada. Despachaba Villa algunas cuestiones bélicas con el coronel Santiago Rojas cuando llegó el sargento Teodomiro Ortiz a decirle que lo buscaba un comerciante, un tipo muy catrín que insistía en verlo. El general ya estaba harto de tratar con vendedores: tan sólo esa mañana había tenido que lidiar con tres: uno que le quería vender bicicletas y que afirmaban que era más eficiente una carga ciclista que una carga de caballería; el segundo le ofreció armaduras españolas y el tercero traía en venta sombreros charros ribeteados en hilo de oro y plata. Fastidiado, Villa los había corrido del lugar, no sin antes advertirles que les rellenaría la barriga con plomo si no se largaban de inmediato. Villa miró a Ortiz:
— Dile que no estoy para recibir a nadie —le dijo.
— Ya se lo dije cien veces mi general, pero está necio en que quiere verlo. Dice que trae algo muy importante que enseñarle y que a usted le va a interesar.
El general Villa se quedó pensativo unos instantes y con los ojos le ordenó a Ortiz que trajera al comerciante.
Salió el sargento a buscarlo y regresó a los pocos minutos. Venía con él un hombre chaparro, calvo, bien vestido y muy perfumado. Con propiedad saludó:
— Buenas tardes general Villa. Buenas tardes coronel Rojas. Soy el licenciado en Derecho, Feliciano Velasco y Borbolla de la Fuente a sus órdenes —y extendió su mano hacia Villa, pero Villa sólo lo miró. El hombrecito no supo qué hacer. Retiró lentamente su mano, se limpió el sudor de la frente con la manga de su saco, tragó saliva y sonrió.
— General Villa— dijo parsimonioso­— he venido hasta usted a mostrarle un invento formidable que será de gran provecho para la Revolución. Con este invento, señor general, tenga la seguridad de que creará terror entre las tropas enemigas. Cualquiera que se atreva a enfrentar a la División del Norte lo pensará dos veces.
— Ya lo piensan dos veces— terció enérgico el sargento Ortiz.
El licenciado se quedó callado y sólo atinó a sonreír estúpidamente. Respiro y continuó su perorata.
— Tiene usted toda la razón, pero este invento sirve como ayuda para ajusticiar a los prisioneros sin necesidad de andar gastando parque, el cual, como ustedes saben, está rete escaso y no vale la pena dispendiarlo en otros menesteres que no sean los de la guerra misma… Con este aparato que traigo ya no se precisa fusilar al enemigo…
—Sí por eso mismo los ahorcamos…— interrumpió de nuevo el sargento Ortiz.
— Sí, lo sé —dijo el chaparro— ¿pero qué hacen cuando no encuentran un palo alto?
— Pos los quemamos vivos o los agarramos a machetazos… eso es lo de menos —le contestó el coronel Rojas.
— Pero mire mi coronel— continuó Velasco— con este invento que les vengo a mostrar se ejecuta a los prisioneros sin la menor preocupación. ¿Por qué no vienen a verlo y si quieren lo probamos?
Los llevó el hombre aquél hasta un carromato en donde lo esperaban sus ayudantes: uno un tipo alto y desgarbado, de nariz grande y ojos sumido pero vivaces, y el otro un mocetón de estatura regular, cachetes abultados y cabeza grande. El licenciado Velasco solicitó a sus invitados que guardaran unos minutos y dio una orden sonora:
— ¡Ármenla!
Los asistentes, presurosos, se dedicaron a armar el aparato. Sacaron vigas, cuerdas, poleas, clavos, martillo, soleras. Con rapidez montaron una estructura en cuya parte superior se encontraba colocada una plancha de hierro.
El licenciado Velasco caminaba de un lado al otro, nervioso, frotándose continuamente las manos. Una vez que todo estuvo listo se detuvo frente al general y sus acompañantes y empezó a hablar:
— Esto, señores, se llama… guillotina. Es un instrumento extraordinario capaz de segar la vida en un instante.

Puras lecturas cómicas y festivas, algún día, algún día leeré a Joyce, mientras tanto éste es el libro de la semana.

10 febrero 2006

Ánime weekend


Este fin de semana (11 y 12 de febrero), se llevará a cabo en el Hotel Medrano la versión hidrocalentense de Comictlán-x, exposiciones, conferencias, proyecciones, revistas y venta de ártículos para otakus; seguramente muy en el tenor de lo que fue el mangatron el año pasado.
Hoy es día de pago, intentaré saldar algunas deudas para malgastar todo lo demás (uy como si fuera tanto) en clonaciones, a ver pa cuánto me alcanza.

El libro de la semana

Después del fiasco que resultó la compilación de cuentos que tenía como lei motiv al Quijote -que sólo salvo la historia de Jorge Omar por el cariño y recuerdo de esa noche antigua y gloriosa de carne, alcohol y dancing-, en esta semana decidí irme por la freeway y estoy leyendo el tomo 1 de la recopilación de la Gloriosisima Familia Burrón y cajeteandome de risa con la puntadas de Doña Borola Tacuche y anexos.

Me inclino ante Gabriel Vargas.

03 febrero 2006

Breve romance de ausencia

Único amor, ya tan mío
que va sazonando el Tiempo
¡qué bien nos sabe la ausencia
cuando nos estorba el cuerpo!

Mis manos te han olvidado
pero mis ojos te vieron
y cuando es amargo el mundo
para mirarte los cierro.

No quiero encontrarte nunca,
que estás conmigo y no quiero
que despedace tu vida
lo que fabrica mi sueño.

Como un día me la diste
viva tu imagen poseo;
que a diario lavan mis ojos
con lágrimas tu recuerdo.

Otro se fue, que no tú,
amor que clama el silencio
si mis brazos y tu boca
con las palabras partieron.

Otro es éste, que no yo,
mudo, conforme y eterno
como este amor, ya tan mío
que irá conmigo muriendo.

Salvador Novo

02 febrero 2006

El libro de la semana

Ante la duda de qué leer, no hay nada mejor que el azar. Junté en la mesa un solo montón con los libros que tengo en casa pendientes de leer (no son muchos, media docena a lo más), con los ojos cerrados estiré la mano y los empuje para que cayeran al suelo (espero que mis libros sepan perdonarme por utilizar este método de selección tan agresivo) y, aún con los ojos cerrados, me agaché a tomar aquel que quedara más a la mano (literalmente hablando), el ganador fue una recopilación de cuentos, llamada De claro en claro… cuentos sobre el Quijote, el cual fue un regalo que me hiciera Jorge Omar en mi última visita el D.F. y en el que él colaboró con una pequeña historia que me hizo recordar una larga noche de alcohol y streepers, ¡qué tiempos aquellos!

01 febrero 2006

Declaración

¿Cómo le dices a un amante que es el final?, ¿cómo te apartas, si sabes que aún te enloquece?, ¿cómo te separas?, ¿cómo te alejas?, ¿cómo le dices adiós a eso que todavía tiene tanto sabor a ti, que te define?, ¿cómo explicas que pesé a los grandes momentos, sabes que hay más cosas para ti?, ¿cómo?
Hoy, con los cibernautas como testigos, renuncio a una de mis más añejas compañías, rompo ese pacto inviolable de complicidad, divido las sustancias, separo las inclinaciones y me declaro un apóstata del villamelón.
Tal vez sea porque me cansé de tener el pretexto siempre listo para la falta de entrega, tal vez porque se agotó esa salida genial ante la derrota, o quizás por pura envidia a otros que se asumen conocedores. No lo sé. Razones: muchas y mías.
El caso es que ahora ya no habrá justificación para la falta de lecturas, ni para la escritura, ni para el estudio, ni para la práctica, ni para no profundizar. No más.
Llevo desventaja ante el tiempo perdido y jamás sabré si podré recuperarme, pero la idea no es alcanzar a nadie, sino empezar a no abandonar aquello que le da sentido a mi vida.
Mientras tanto, aprovechando este impulso que da la renovación, leamos, escribamos, adiestremos, estudiemos, conozcamos. A ver hasta dónde llego. Ritmo: Un libro por semana. Se aceptan recomendaciones.